lunes, 11 de julio de 2016

Nota breve (¿?) sobre los corazones y las voluntades a partir de Cligés y el Libro de Alexandre

Es normal hablar de amores y emplear imágenes bélicas: la amada cuando no es una estatua de joyas decorada, es fortaleza. Pero veamos que se puede hablar en otro nivel de la similitud del discurso amoroso y del discurso épico: las voluntades. Chrétien en Cligés  al narrar el encuentro de de Cligés y Fenice, se permite una digresión:

No diré, como han dicho algunos, que en un solo cuerpo se juntan dos corazones. No es verdad, ni siquiera posible, que en un cuerpo puedan alojarse dos corazones. Y si pudieran juntarse, no podría parecer verdad. Pero si os agrada escucharlo os explicaré cómo dos corazones no forman más que uno sin que lleguen a juntarse en uno solo. No forman más que uno en tanto que los sentimientos de cada uno pasan de uno al otro; juntos desean lo mismo y por este deseo común hay algunos que suelen decir que cada uno tiene el corazón de los dos. Pero un corazón no está en dos lugares. Su voluntad puede ser una, pero cada uno tiene, sin embargo, su corazón, de igual modo que varios hombres pueden cantar al unísono una canción o una melodía. Mediante esta comparación os demuestro que un cuerpo no puede tener dos corazones, sabedlo bien: ni siquiera si uno sabe todo cuanto el otro desea y odia. Lo mismo que las voces se unen hasta que parecen una sola no pueden ser de una única persona, del mismo modo un cuerpo no puede tener más que un corazón. (116-117)

Chrétien, listo, hace un pequeño tratado de no-anatomía. Pero lo que de cierta manera aquí me mueve a escribir es explorar cómo la imagen de una dimensión personal y privada se puede abrir a una política y pública. En el Libro de Alexandre, pero también en otras muchas obras, tenemos pasajes como el siguiente:

Señor dixo Atrabatus el tiempo en que estamos  
non es menester que baralla boluamos 
entiendo bien que todos con vn cuer andamos  
fasta que nos de Dios prenda mejor es que $uframos. 

Esto se lo dice un miembro de su consejo a Darío, emperador persa. El sentido del verso es que todos comparten la misma opinión, existe concordia (tienen el mismo corazón), y de lo que se trata aquí es de enfrentar a las huestes de Alejandro.

Entonces podemos observar una vez más, la sublimación del código vasallático para expresar la fortaleza de la unión amorosa: como bien sabemos, no puede haber nada más que un trasfondo ideológico para unir individuos y hacerlos luchar contra otros. En este caso se trata de que los vasallos comparten la misma voluntad que su señor, por lo que es la lealtad la que amalgama esos corazones y no perdamos de vista que la lealtad es tema fundamental de la sociedad medieval pues es lo que garantiza la estabilidad de la pirámide social (el Libro de Alexandre tendrá la traición como uno de los ejes fundamentales dada su capacidad de vulnerar la posición de los señores). De esta manera explicamos frases del tipo "el amor todo lo vence", inscrita en una lógica de batalla: a final de cuentas en la dinámica del amor artístico hay que superar obstáculos.

Quizá haya que señalar una diferencia estructural. A pesar de que con esta imagen de la unión de corazones/voluntades se enfatiza la fuerza del amor, la situación forzosamente en la dinámica privada es diferente, o debería serlo para nosotros. Si interpretamos de manera estricta el texto medieval, literariamente es el varón el que es "vasallo de amor", por lo que la relación se invierte en favor de la dama, lo que por otro lado, es una ficción literaria; si nos vemos muy históricos, diremos que la sociedad patriarcal inclinaba la balanza hacia los intereses de los varones aunque el velo ideológico sublimara dicho yugo; si nos vemos más bien actuales, que es la postura que me interesa perseguir, diremos que en el amor debe haber dos voluntades y que ninguna se impone sobre de la otra, sino que es como dos voces que se mezclan, que el amor es el "duro deseo de durar", que en el amor se funden dos miradas que contemplan más o menos el mismo paisaje, que el amor choca dos voluntades: las presiona hacia sí mismas, y así las voluntades reconocen las diferencias que las distinguen, las incorporan, y las extienden en el tiempo, no para deshacerse de ellas, sino que lo hacen en un abrazo infinito que desconoce la imposición del uno.

Hace tiempo leía un librito que decía que deberíamos sacar al amor del discurso de la explotación, eso de que "hay que trabajar en la relación" quizá es reflejo de nuestra valoración a priori del trabajo como algo bueno y necesario, lo que en últimas consecuencias y en este contexto defiende intereses muy específicos. Quizá estos ejemplos sirvan no sólo para el especialista en su deseo de entender hasta qué nivel en los textos medievales el amor y lo bélico están imbricados dentro del marco de ideas comunes, sino también para que nos demos cuenta de cómo hemos aprendido que es el amor: 'conquistar el corazón de alguien', por ejemplo, está a dos rayitas de ser 'subyugar la voluntad de alguien'. ¿Peco de exagerado en el ejemplo anterior? Puede ser, pero al final nunca deja de ser necesario ver si lo que tenemos naturalizado esconde esas cosas que no sabemos que sabemos, porque ahí es donde opera la ideología. El amor occidental lo heredamos del siglo XII, es el amor del que nos quejamos porque perpetúa dinámicas de desigualdad y en teoría esas son las cosas que nos interesa desmantelar. Irremediablemente el amor caerá sobre algún marco ideológico, lo que no es necesariamente malo: cuando Alain Badiou dice que el amor es "la expresión mínima del comunismo" no desideologiza el amor, sino que lo inserta en un mundo en el que no existe la explotación del hombre por el hombre en ninguno de los niveles y claramente esto le parece preferible. Al final al final al final de todo, se trata de asumir una postura, pero para eso hay que reconocerlas primero: para eso leemos.

martes, 14 de junio de 2016

Notas sobre cabellos, cuerdas, tragedias y parodias.

Acabo de terminar los Ensayos Bonsái del siempre genial Fabián Casas. Platicaba con una amiga que Casas tiene una cualidad impresionante de ser sumamente accesible a la vez que es un name dropper incurable, pero sorprendentemente, eso no lo convierte en un escritor pedante. No sé si es porque cuando realmente es importante, Casas glosa su referencia para que aunque no la conozcamos, entendamos de lo que habla, si es porque trata una referencia pop con la misma seriedad que una de alta cultura (Brian Eno y Pound están hermanados en la prosa de Casas gracias a la relación que mantuvieron con David Bowie y T. S. Eliot respectivamente), o porque, como a la mayoría de la gente, después de irla 'leyendo' durante un tiempo, le cachas que lo que parece una sabiduría profunda, que a veces lo es, también en ocasiones se siente que sale de una colección de frases:¿que acaso no todos conocemos a alguien que va por la vida con eso de "como dijo..." y luego cita algo sacado de frasesDeGenteLista.com? No creo que sea el caso de Casas, le tengo demasiada buena voluntad, pero sólo apunto que a veces esa sensación me da. Una de sus referencias favoritas es aquello de que Marx dijo que todo ocurre dos veces en la historia: una como tragedia y la otra como parodia. Aquí alguien puede venir a ponerse name dropper (yo, por ejemplo) y decir algo, algo, Genette y que toda repetición basada en un modelo es parodia, ya sea con intención de mover a risa o bien de mover a algún sentimiento noble, en cuyo caso estamos ante la presencia del homenaje. De esta manera podría decir que Casas no es tan listo, que yo no creo en las repeticiones dobles sino en una serie infinita de repeticiones, en una serie infinita de parodias, podría soltar el nombre de Nietzsche y quizá parecería alguien muy listo aunque francamente habría fracasado como lector, porque eso de menospreciar a priori un texto con tal de enaltecerse uno es una de esas prácticas mezquinas que la gente que lee por alguna razón lleva a acabo con enorme gusto, y aquello que los movió algún día a leer que yo creo que es una 'voluntad de entender', ahora se desvanece para reafirmar sus propios prejuicios.

Fin de la bilis. En realidad no quiero hacer una apología (innecesaria y no requerida) de la prosa de Casas, ni tampoco reseñar su libro, aunque quizá si quería hablar un poco de él porque es un escritor que me gusta mucho. De lo que quiero hablar es de cabellos y cordones. Es que mientras leía Ensayos Bonsái también leía Cligés de Chrétien de Troyes, un autor conocido entre los medievalistas por ser el responsable de innumerables (es decir, muchas, porque sí se pueden contar) novelas de tema caballeresco. En su texto, Chrétien habla de una camisa que tiene bordados hilos de oro y que es un regalo de Ginebra a Alejandro, el caballero protagonista de esta novela. Alejandro viene de tierras lejanas para ser ordenado caballero por nada más ni menos que el Rey Arturo. A la vez que muestra su valor, Alejandro se enamora de Soredamor. Cuenta con la suerte de que su amor es correspondido y también de que la reina se dé cuenta. Entonces la reina le regala la dicha camisa que entre los hilos de oro tiene un cabello de Soredamor, tan brillante, tan hermoso, que hace al mismo oro palidecer. Cuando Alejandro, ya preso de la enfermedad de amor, escucha, incitada por la reina, de boca de Soredamor cómo fue confeccionada la camisa, ocurre lo siguiente:

La joven arde de pudor y vergüenza, pero cuenta la historia de buena gana, pues desea que Alejandro escuche la verdad, y él siente tal alegría al escucharla, cuando esta cuenta y describe cómo fue hecha la camisa, que a duras penas se contiene de inclinarse y adorar el fino cabello que contempla. Sus compañeros y la reina que estaba allí delante, le molestan y le contrarían: por ellos no se atreve a llevar la camisa hasta los ojos y hasta la boca, donde la habría llevado con sumo gusto, si supiera que no le veían. Está contento por tener tanto de su amiga, pues no piensa ni espera alcanzar jamás otro bien de ella. Su deseo le hace dudar, sin embargo, cuando tiene ocasión, besa la camisa más de cien mil veces. Siente durante toda la noche una inmensa alegría pero bien se guarda de que nadie le vea. Cuando está acostado en su lecho, encuentra gozo, deleite y placer en lo que no puede dárselo. Durante toda la noche abraza la camisa y cuando contempla el cabello, cree ser señor del mundo entero.

Habrá la persona moderna que diga que qué exageración porque es demasiado rollo por un cabello. Vaya, no creo que esté completamente equivocado, pero el tema del cabello es uno interesante y si no se pueden relacionar con algo que tiene una tradición dentro de la sensualidad tan nutrida, tal vez Scarlett Johansson se los pueda mostrar de mejor manera (1:48):


Retirarse el velo tiene un valor simbólico. En ese nivel el velo es un himen que está reservado sólo para un hombre dentro de la más conservadora tradición del amor (ya topan por qué en las bodas el "ya puede besar a la novia" está precedido del acto locutivo "los declaro marido y mujer". A partir de que el cura pronuncia esa oración, los individuos están unidos en matrimonio, es entonces que el varón retira el velo del rostro de la dama (ahora ya tiene derecho) y la besa: el beso, también dentro de la tradición del amor como bien lo explica Pico della Mirandola, es una sublimación del acto sexual: en vez de los 'sucios' genitales, participan los órganos que nos dan la dignidad de seres pensantes, la cabeza, los ojos, la lengua –el beso es el sexo del lenguaje– ). Es por eso que el cabello en esa escena no puede ser mostrado a cualquiera, y que cuando Vermeer impone su mirada sobre el cabello de su modelo, ella se nota incómoda: ha violentado su intimidad. Resultado de este constructo cultural es la fetichización del cabello, aunque quizá más bien deberíamos hablar de dos ítems culturales que se apoyan uno en el otro: el cabello siempre ha sido un elemento susceptible a la sensualidad.

El texto de Chrétien de Troyes antecede a uno de los clásicos de la literatura española que quizá ya resuene en la cabeza de los lectores freaks que como yo, conocen dicha obra: La Celestina de Fernando de Rojas. ¿Por qué exactamente resonaría tal obra ahora? Por el cordón de Melibea, que como apunta Celestina "es fama que ha tocado todas las reliquias que hay en Roma y Jerusalén", lo que en el contexto de la obra, puede fácilmente ser leído como un eufemismo: el cordón que Celestina le pide a Melibea es el que rodea su cintura, así que las reliquias, particularmente en un texto en el que Calisto ha declarado que tiene a Melibea por un dios, no son las reliquias de la tradición cristiana.  Después de que Celestina le da el cordón, Calisto exclama:

¡O nuevo huésped! ¡O bienaventurado cordón, que tanto poder y merescimiento toviste de ceñir aquel cuerpo que yo no soy digno de servir! ¡ O ñudos de mi pasión, vosotros enlazastes mis desseos! Dezidme si os hallastes presentes en la desconsolada respuesta de aquélla a quien vosotros servís y yo adoro y, por más que trabajo noches y días, no me vale ni me aprovecha.

Pero ahí no acaba la cosa...

¡O mi gloria y ceñidero de aquella angélica cintura! Yo te veo y no lo creo. ¡O cordón, cordón! ¿Fuísteme tú enemigo? Dilo cierto. Si lo fuiste, yo te perdono, que de los buenos es propio las culpas perdonar. No lo creo; que, si fueras contrario, no vinieras tan presto a mi poder, salvo si vienes a disculparte. ¡Conjúrote me respondas, por la virtud del gran poder que aquella señora sobre mí tiene!

No estamos ni cerca de que acabe...

Que azas bien me fuera del cielo otorgado que de mis braços fueras fecho y texido, no de seda como eres, porque ellos gozaran cada día de rodear y ceñir con devida reverencia aquellos miembros que tú, sin sentir ni gozar de la gloria, siempre tienes abraçados. ¡O qué secretos havrás visto de aquella excelente ymagen!

Ya hasta Celestina está harta y le dice que él verá más si no se vuelve loco y deja de ponerle tanta atención al famoso cordón, pero Calisto responde así:

Calla, señora, que él y yo nos entendemos. ¡O mis ojos, acordaos cómo fuistes causa y puerta por donde mi coraçón llagado y que aquél es visto hazer el daño que da la causa! Acordaos que soys debdores de la salud; remirá la melezina que os viene hasta casa. 

Celestina encuentra tan ridículo a Calisto que le dice: "Señor, ¿por holgar con el cordón no querrás gozar de Melibea?". Es aquí donde efectivamente parece que aquello que rumia Casas con respecto de Marx se confirma: el amor en Cligés es más cercano a la tragedia mientras que claramente Calisto es una parodia burlesca del amante cortés. En su contexto, el discurso de Alejandro no puede ser tomado a broma, mientras que el discurso de Calisto, incluso para aquellos impedidos que no pueden distinguir entre una declaración afirmativa, una versión de ésta misma parodiada y ya no se diga una irónica, no podría ser tomada en serio gracias a las intervenciones de Celestina. Pero, y es que aquí me interesa hablar de cabellos y cuerdas, habría que notar que la actitud de Alejandro y la de Calisto, a pesar de ser similares, o gracias a ello, después se pueden analizar mejor para entender que las sutiles diferencias son de suma importancia para la caracterización de los personajes. El cabello que adora Alejandro proviene de la cabeza de Soredamor, mientras que el cordón que tiene Calisto viene de la cintura de Melibea. Aquí debemos invitar las connotaciones de sublime/terreno dado que en eso estriba la diferencia entre ambos personajes. 

Es por eso sorprendente que a pesar de que hay funciones distintas detrás de los elementos (cabello/cordón), ambos compartan esa característica tan esencial que es semajar un hilo. Al respecto puede resultar ilustrativo algo que de manera casi tangencial, Ioan P. Culianu apuntó acerca de las redes cuando hablaba de la magia y el amor. Dice Culianu:

En efecto, ¿qué hace el enamorado, con todos sus gestos, palabras, favores y obsequios, si no crear una red mágica alrededor del objeto de su amor? Todos los medios de persuasión que pone en funcionamiento son otros tantos medios mágicos cuya finalidad es atar al otro. Ficino mismo utiliza, en una ocasión, el término rete, que significa "malla" o "red". Hablando con propiedad, se puede decir que el amante y el mago hacen los mismo: lanzan sus "redes" para apoderarse de ciertos objetos, para atraerlos y arrastrarlos hacia ellos.

A final de cuentas, tomando en cuenta lo dicho por Culianu, la aparente coincidencia gratuita de cabello/cordón=hilo pertenece a una tradición que entiende que el amor es un (qué bonita palabra voy a usar aquí) amarre entre dos personas. Recordemos que Celestina entró a casa de Melibea con la excusa de "vender un poco de hilado con que tengo caçadas más de treynta". Celestina explica que con el pretexto de vender hilo, entra a la casa de Melibea, y que este hilo le ha ayudado a casar a más de treinta. El hilo, como bien saben los lectores de Celestina, está encantado y su magia ayudará a unir a Melibea y a Calisto. Así, podemos tomar un poco de distancia y darnos cuenta de que Celestina va a casa de Melibea para vender hilado, sale de ella con un cordón que lleva a casa de Calisto. ¿Qué es eso sino tejer una red que involucre a los amantes? De la misma manera en Cligés vemos que es la reina la que, por medio del regalo de la camisa con el cabello de Soredamor, teje ese amarre entre Alejandro y su amada. Esta comparación y las similitudes estructurales, al llenarse de contenido y de las particularidades de cada obra, dan cuenta del tipo de amor al que nos enfrentamos: ya hemos mencionado el contraste entre cabello y cordón, pero también podríamos mencionar que en un caso es la reina esposa del Rey Arturo la que une a los amantes mientras que en el otro es una alcahueta que no pocas veces es referida como "puta vieja" en la obra; de la misma manera podríamos hacer una comparación entre los mismísimos amantes. El propósito principal, sin embargo, era poner de manifiesto que la elección de cabello y/o cordón no es gratuita.

Esto me recuerda un poco a cuando iba en la prepa. Un amigo y yo fuimos a atestiguar la unión matrimonial falsa de otro amigo con su novio. Mientras mi amigo y yo veíamos el ritual pagano, él se quejaba de que le habían cortado mal el pelo y que como lo tenía muy corto, no podía hablarle a la chica que le gustaba: "No wey, no tengo pelo, no tengo con qué". Mientras tanto, nuestro amigo se unía en una ceremonia pública con su pareja. No hubo dinero para anillos, pero sí para un mecate con que los autonombrados padrinos los amarraban violentamente. Así, metafóricamente, no se separaran jamás.

Así que ahí está su cabello, ahí está su lazo.

lunes, 21 de marzo de 2016

La metáfora es una confusión habitable.

Así como ese lugar común de la actriz cuya belleza gozó mejores tiempos y ocupa sus tardes en rememorar su época de gloria, así recuerdo mis años de licenciatura. Ese sistema académico, que desde su verticalidad genera deleznables dinámicas de poder, que propicia que el alumno se desviva por salir del anonimato, por ser una entidad única con un nombre propio a los ojos del profesor mismo que en un acto de (espuria) generosidad excepcional resalta el trabajo del ya nunca anónimo alumno, me dio varios premios de este tipo. Y aunque sea un triste simulacro de la felicidad, funciona. Afortunadamente uno puede tomar distancia de ello y sacar alguna otra cosa más útil o más encantadora después.

Recuerdo que en un curso extracurricular que el profesor Pedro Cerrillo dio acerca de los poetas de la generación del 27 (puse "generación" para que sepan de qué hablo y para que los exquisitos digan que eso no es una generación según bla) revisamos en los últimos días un poema de Alberti que quizá sea mi favorito de los que conozco de dicho grupo de poetas, sí, a pesar de Cernuda y de que el que más me gusta en realidad es Pedro Salinas. Quizá peor sea que revele que dicho poema es "La Paloma", ultraconocido poema popularizado por Serrat (los exquisitos quizá digan "masacrado por") que tomando en cuenta la producción poética del grupo, quizá sea similar a decir que tu canción favorita de los Beatles es "Yesterday", pero en lo evidente se esconde muchas veces el encanto de lo que lo hizo evidente en primer lugar.

Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.
Por ir al norte, fue al sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.

Creyó que el mar era el cielo;
que la noche, la mañana.
Se equivocaba.

Que las estrellas, rocío;
que la calor; la nevada.
Se equivocaba.

Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón, su casa.
Se equivocaba.

(Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama.)

Cuando leímos ese poema me gané mi premio ("Es que cada vez que habla tiene razón" dijo Pedro Cerrillo hace quizá seis o siete años, pero nunca jamás se me va a olvidar, y este es mi blog, por lo que siempre es, ante todo, un monumento a mi insufrible ego, aunque debo admitir que casi nunca es así de evidente, por eso pongo esto en paréntesis, para disimular) porque noté que hay una diferencia sistemática entre las equivocaciones de la paloma: por una parte pensó que el trigo era agua, que el mar era el cielo, que las estrellas eran rocío y que tu corazón su casa; por otro lado confundió el norte con el sur, la noche con la mañana, la calor con la nevada, una falda con una blusa. Podemos, si queremos, discutir si hacemos un pequeño sistema en el que blusa=corazón, falda=casa y podemos preguntar si queremos, si eso es una alusión sexual porque la paloma habitaría el corazón que es la casa pero de la falda, en fin. Lo que me ganó mi premio en ese momento es que señalé que las primeras confusiones no eran contrarias mientras que las segundas sí. Meses adelante frente a un cuadro de Magritte, Los orígenes del lenguaje, veía un poco del poema de Alberti. Es que todos podemos confundir un poco el cielo con el mar, pero es esa línea que los diferencia lo que los hace unidades distintas:


Claramente la piedra y las nubes también juegan un papel importante y le podemos dar muchas vueltas al cuadro, al final se trata de las diferencias y a mí la que más me interesaba era la que crea la línea del horizonte. El poema de Alberti trata las diferencias tan sutiles como la línea del horizonte, tan sutiles que en vez de agrupar elementos contrarios, lo que agrupa son metáforas. Los trigales cuando los mueve el viento semejan el oleaje del mar, del agua, el cielo azul como el mar o el mar azul como el cielo son unidades fácilmente intercambiables en los terrenos de la metáfora, lo mismo podemos decir de las estrellas, de su brillo y del del rocío y nada debemos comentar sobre el casi inherente cursi sentido del corazón como una casa.

Gracias a que la metáfora es una comparación entre dos elementos que descansa en un tercer elemento que los une pero que se excluye, uno puede habitar uno a través de otro. Es cierto que en estricto sentido sí vivimos entre las estrellas, pero nada más emocionante que vagar, llevar la cabeza baja y ver el rocío en el pasto, levantarla, ver las estrellas y sentir que de cierta manera uno camina sobre el cielo.

No quiero hacer una glosa de cada una de las metáforas, en realidad quisiera enfocarme en una de ellas. La metáfora del cielo y el mar se ha convertido en un leit motif para mí. Hace menos de dos años conocí a Brendan Swalm en las ignotas tierras de Saskatchewan, provincia invisible del Canadá ante los ojos del mundo. Brendan a pesar de ser nativo del primer mundo, en sus 22 años de vida no había visto el mar (ni el Metro, lo que da para hacer un libro que comience con algo como "Algunos meses después, frente al plato con quesadillas que su amigo mexicano le había preparado, el estudiante Brendan Swalm había de recordar aquella tarde remota en que su novia alemana lo llevó a conocer el Metro de Berlín"). Conoció a una chica alemana que se hizo su novia un día antes de abandonar Canadá y que era muy infeliz en Saskatchewan porque en su ciudad había mas fiesta, más alcohol, más diversión pero sobre todo porque nunca había estado tan lejos del mar. Lisa, ese era su nombre, extrañaba el mar y su olor y la humedad y todo lo que la gente que vive cerca del mar extraña del mar. Ni es que vayan mucho al mar, pero es como muchas otras cosas, basta con saber que está ahí.

Víctima de una terrible disposición al romance imposible y de una beca canadiense más que suficiente, Brendan Swalm se dirigió hacia Alemania en la primera oportunidad que tuvo para visitar a su amada y fue así que conoció el mar. Meses después, con Lisa aún en mente, Brendan decidió estudiar en Bélgica para obtener algún título que aquí no importa y para estar cerca de su media naranja (Fey 4ever). Fue aceptado en la Universidad de Lovaina pero fue casi simultáneamente rechazado del corazón, de la casa, de la blusa y de la falda de Lisa, que ya no quería ser su novia. Así fue que Brendan Swalm terminó viviendo en una ciudad que ni tiene mar o cielo azul, pero que lo compensa con cerveza y chocolates.

Brendan regresó a Canadá durante un par de semanas en enero. Mientras hablábamos de los cambios a los que se había tenido que ajustar, recordamos eso de que Lisa extrañaba el mar. Brendan me dijo que ahora lo entendía, aunque a medias: que en Lovaina el cielo era medio gris y dijo que extrañaba su casa, su provincia Saskatchewan, pero que definitivamente no necesitaba el mar: "When you live in the prairies, the sky is your ocean". 


Yo le concedo la razón a Brendan porque sí conozco el mar pero no soy de la costa, pero cuando de repente voy caminando y me percato de lo intensamente azul que es el cielo, siento que me rodea, que es inmenso y que de no ser porque en realidad es una experiencia agradable, me ahogaría. Brendan no necesitaba el mar, le bastaba con habitar en un lugar con un cielo tan azul y profundo como el de Saskatoon (ciudad más invisible localizada en Saskatchewan). Es por eso que como la paloma y como Brendan, creo que las metáforas son una confusión habitable.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Validaciones espurias y tangentes con Benjamin.

[Hasta nuevo aviso, esto es sumamente irrelevante]
El anterior título es una forma de deslindarme de cualquier responsabilidad. Claro que también es un título pretencioso, del tipo "Aristas circunstanciales de la estructura según Deleuze" o bien "Un panóptico del poder o del espectro de Foucault" que revelan una lectura de alguna de estas egregias figuras lo que pareciera ser suficiente como para ostentar un título ostentoso, pero que da la flexibilidad suficiente como para no ser categórico y dar espacio al error. Aunque me encantaría hacer una entrada de la retórica de los títulos, debo dejar dicha empresa para otra ocasión. Y es que ni modo, quiero dejar por escrito cómo me voy a legitimar vía Walter Benjamin.

Antes de entrar propiamente en materia, quiero comentar por qué parece que Walter Benjamin es alguien que me puedo dar el lujo de usar para validarme. Hace pocas semanas uno de mis amigos se mudaba para vivir con su novia y "desempacaba su biblioteca". Creo que uno de los más absurdos y  satisfactorios placeres de la vida está en acomodar libros propios. Claro que se trata de una placer burdo que viene desde el acaparamiento, pero no de cualquier cosa, es un coleccionismo especial que nos convierte superficialmente en rebeldes y nos permite colocarnos en un escalón moral desde el que vemos a nuestra sociedad con tantitita condescendencia. Pero también comprende un pequeño ejercicio de taxónomo, de arquitecto que impone una estructura y una serie de relaciones que revela cómo es que nos enfrentamos ante el contenido de esos objetos.

Resulta que en dicha tarea se encontraba mi amigo y al no poder encontrar con precisión una zona para Benjamin decidió crear la zona WB. Tomó una foto para compartir su anomalía taxonómica y todos celebramos dicha decisión: amerita celebración ver que dos sujetos se unen por medio de sus bibliotecas y crean algo nuevo va más allá del simple hecho de decir "mi-ren-so-mos-chi-dos-nos-gus-ta-Ben-ja-min" aunque haya algo de eso también. Quizá deba decir que casi todos lo celebramos, pues no faltó el pendejo que comentó que le faltaban unos volúmenes, que no presumiera. Después también comentó que cuando leyera a Benjamin en alemán entonces ya podía presumir, que leerlo en español qué. Al pobre imbécil poquito le faltó para decir "tú ni lo escribiste wey, no presumas" y mostrar que no entendía nada del gesto. Pobre pendejo vaya. Pero además de aprovechar para pendejear al dicho sujeto, lo interesante es que él interpretó que la foto era un ejercicio de validación espuria:para validarse por medio de Benjamin hay que tener todos sus libros en alemán, o si no, no cuenta.

Me inserto en un espacio de sabotaje, pues si un pendejo interpretó que uno se puede validar vía Benjamin, pues dicha validación es una pendejada. No sólo eso, es una validación espuria porque no tengo TODA la obra. Pues bien, yo, hablante de español, lo leí en inglés así que debo estar en el último y más bastardo eslabón de la validación. Así que para purificarme tantito, optaré por no citar nada, la paráfasis será mi amiga y me ayudará a mantenerme en la tangente con Benjamin.

[Aquí ya empieza lo interesante, creo]
En "Desempacando mi biblioteca" Walter Benjamin nos advierte que no va a hablar como tal de la colección sino de la actividad del coleccionista. Es otra bonita manera de decir que no va a hablar del producto sino del proceso detrás del producto. Expone que hay varias formas de hacerse de un libro. El primer ejemplo invocado tiene que ver con la transcripción verbatim de los títulos que nos interesan. Este ejercicio implica una pasión desbordada y un interés febril por el libro en cuestión que difícilmente se antoja viable. Otra de las formas es, quizá sobre decirlo, la compra del libro. En este fragmento quizá lo interesante es el desdén por el valor económico: Benjamin en una subasta puede pagar una suma considerable por un libro, o bien arreglárselas para que el libro que le interesa no se subaste y lo pueda obtener después de ella a un precio accesible. Se trata una vez más de una descripción del proceso y no de una glorificación del poder adquisitivo. Y al final dice que la forma más fundada, más fuerte, de la relación con el libro es la herencia. La idea que propone no de que los libros vivan en la colección del individuo, sino que el coleccionista vive en la colección, me recuerda también a la forma en que propone que incluso las falsificaciones de las obras de arte previo a la reproducción mecánica, son parte misma del aura de la obra.

En esa disciplina de los estudios textuales y bibliográficos, hay un concepto que llamamos "provenance" y tiene que ver con el caminito que el libro ha seguido para llegar hasta donde está.  La forma en la que Benjamin describe las formas de posesión, me ha hecho pensar en cómo relacionar esto con el trabajo que hago comúnmente. Si nos mantenemos en la línea del proceso, quizá podemos hacer nuevas descripciones.  Todo parece indicar que más que poseer el producto, importa ser parte del proceso.

¿Dónde está el libro? Esta pregunta imbécil, pretende problematizar si la obra está en las letras impresas o si la obra está en la mente del lector una vez que la ha leído o en el mismo acto de leer. Si completar la operación de llevar el texto a la cabeza puede comprenderse como un acto de re-escritura no-mecánica entonces podríamos colgarle un adornito de la Teoría de la recepción a las reproducciones de las que habla Benjamin, particularmente me refiero a la que explícitamente es copiar a mano un libro. Un lector posee al libro, no porque tenga el objeto, sino porque lo escribe, lo reescribe y completa el proceso.

En realidad, creo que ese es el ejemplo más prolífico para mí. Pensemos en la tarea del editor crítico. ¿Quién más que el editor crítico transcribe con tanto amor y placer los testimonios que serán la materia prima de sus ediciones? Pensemos en el editor crítico como alguien que al no poseer el don de la ubicuidad, no puede tener todos los testimonios a su alcance, tendrá que copiar verbatim manuscritos e impresos antiguos. Ahora las ediciones digitales parten también del mismo punto: se tiene una reproducción de la imagen del manuscrito, pero es el editor o sus ayudantes quienes transcriben pacientemente los testimonios.

Me parece que además, nadie como el editor crítico tiene la posibilidad de desaparecer, sobre todo ante los ojos del lector no especializado. Fijar un texto no parece que sea una labor evidente, como sí es la de un traductor. Aunque ambos presentan un texto y juegan un papel importante en la fortuna que pueda tener, el traductor no puede desaparecer nunca, ya no por el hecho de si ha hecho un buen o un mal trabajo, sino porque el texto traducido es prueba misma de que es producto de una operación, mientras que el editor crítico que construye un texto, puede e intenta desaparecer siempre. Quizá no sea trivial entonces que estemos más familiarizados con la labor de un traductor que con la de un editor crítico.

Los distintos problemas que presenta la traducibilidad de un texto, nos han llevado incluso a afirmar que la traducción de un texto puede considerarse como una obra completamente distinta. El editor crítico trata de hacer todo lo contrario: no que no disfrute de que se reconozca su trabajo, pero no pretende que su edición pueda ser una obra distinta. El editor crítico es un re-escribidor que pretende permanecer tan in situ como sea posible, el traductor traslada, como bien señala la raíz latina transducere.

Esta circunstancia, aunque sea falazmente, hace que la tarea del editor crítico más fielmente parte del proceso que parte de la creación de algo nuevo aunque toda intervención en realidad es la creación de algo nuevo: cada lectura individual dará un resultado específico. Pero a fin de cuentas, ambas tareas serán parte de la "provenance" de las obras, o dicho de otra manera, ambos tendrán injerencia en el proceso que lleve a la obra a manos de alguien más.

Si el proceso es lo que convierte al coleccionista en coleccionista, ¿no será que editores críticos y traductores son una sutil especie de coleccionistas profesionales?  No hace falta traducir o editar muchas obras, hay quienes tienen 300 versiones distintas de la misma obra. Pero ¿de qué manera influir en el proceso de una obra más fuertemente que estando atrás de la impresión de la misma?, ¿qué manera más directa de vivir en la obra y no hacer el objeto viva en uno? El crítico siempre será una persona que firme su artículo, su libro. El editor, el traductor, también lo firman, pero no en figura de autor. La gran diferencia será que por más que se dedique al mejor libro del mundo, leeremos con desagrado al crítico si es que su trabajo es malo, en cambio quizá a pesar de un mal editor o un mal traductor, no vamos a dejar de leer ciertas obras. Las obras, como digo, no viven en ellos, ellos viven en las obras.

Quizá podamos comparar esto de transcribir con heredar. Heredar es un acto de traspaso, se heredan los objetos que se han adquirido gracias al poder adquisitivo que el trabajo le ha dado al individuo. Uno puede heredar lo que uno ha producido, pero no sólo eso, y sin duda uno hereda lo que el trabajo permitió acumular. Uno trabaja sobre unos textos antiguos, pero esos textos pre-existieron y en todo caso son independientes al acto que tiene como consecuencia la edición o la traducción: uno hereda el producto de su trabajo. Aquellos quienes participan de la conciencia del acto de edición o de traducción son los herederos en una segunda instancia. Quizá he llevado esto demasiado lejos, pero me gusta pensar que no, que nuestro trabajo nos permite poseer y heredar en esta dinámica en la que la posesión es humo.


martes, 10 de noviembre de 2015

Siempre llegando tarde... el asunto de la clase media y por qué no, del "centro"

Adam Vázquez, periférico por todos lados, hoy hace énfasis en su distancia al centro particularmente por su relación temporal con los "eventos" (leí tantito Badiou en mi vida, que se haga notar). Siempre llego tarde a los debates y eso quizá se deba a mi ignorancia. Pero pues llego, qué no seguimos discutiendo cosas re viejas?

El debate de la famosa "clase media" en México puede ser revisado ampliamente si uno Googlea: "Bartra, Esquivel, clase media, proletariado". Podemos casi resumir absurdamente que una posición reza "si usted no se siente pobre, pero tampoco rico, pos es clasemediero" y la otra que dice "poder comprar cosas sólo implica que el proletariado puede endeudarse más, eso no es clase media". No quiero realmente confrontar a ninguno de los dos autores: también a eso llegué tarde. Baste leer:

La reciente polémica entre el economista Gerardo Esquivel y el sociólogo Roger Bartra parece confirmar una cosa: aun si ellos no se ponen de acuerdo respecto a si México es o no un país de clase media –y tampoco, como veremos, respecto a cómo definir a esta clase–, lo que es un hecho es que esta ha adquirido un enorme peso dentro del discurso político mexicano. (más aquí)
Estaba yo leyendo Zizek y me encontré una cita pertinente que creo ahonda en los problemas de la definición de la clase media. Reproduzco porque Zizek habla mejor de lo que él piensa que yo:
... la recurrente "clase media", precisamente, esa "no-clase" de los estratos intermedios de la sociedad; aquéllos que presumen de laboriosos y que se identifican no sólo por su respeto a sólidos principios morales y religiosos, sino por diferenciarse de, y oponerse a, los dos "extremos" del espacio social: las grandes corporaciones, sin patria ni raíces, de un lado, y los excluidos y empobrecidos inmigrantes y habitantes de los guetos, por otro. La "clase media" basa su identidad en el rechazo a estos dos extremos que, de contraponerse directamente, representarían "el antagonismo de clase" en su forma pura. La falsedad constitutiva de esta idea de la "clase media" es por tanto semejante a aquella de la justa línea de partido que el estalinismo trazaba entre las "desviaciones de izquierda" y las "desviaciones de derecha": la "clase media", en su existencia "real", es la falsedad encarnada, el rechazo del antagonismo. En términos psicoanalíticos, es un fetiche: la imposible intersección de la derecha y de la izquierda que, al rechazar los dos polos del antagonismo, en cuanto posiciones "extremas" y antisociales (empresas multinacionales e inmigrantes intrusos) que perturban la salud del cuerpo social, se autorepresenta como el terreno común y neutral de la sociedad. La izquierda se suele lamentar del hecho de que la línea de demarcación de la lucha de clases haya quedado desdibujada, desplazada, falsificada, especialmente, por parte del populismo de derecha, que dice hablar en nombre del pueblo cuando en realidad promueve los intereses del poder. Este continuo desplazamiento, ésta continua "falsificación" de la línea de división (entre las clases), sin embargo, ES la "lucha de clases": una sociedad clasista en la que la percepción ideológica de la división de clases fuese pura y directa, sería una estructura armónica y sin lucha; por decirlo con Laclau: el antagonismo de clase estaría completamente simbolizado, no sería imposible/real, sino simplemente un rasgo estructural de diferenciación.(En defensa de la intolerancia, 22-24) 
Habrá quien se queje con razón de que mi tendencia a la citación hace que uno sienta que mejor debería irse de este blog a leer las fuentes y tiene razón, si se queda es por morbo, no porque vaya a encontrar aquí algo mejor. En resumidas cuentas, es la existencia de esa "clase media" la que hace que haya una lucha de clases y no sólo un sistema clasista armónico.  Es esa "falsificación", esa escurridiza definición de la "clase media" la que hace tengamos tantos problemas. Bien dice Adorno que "Es característico del mecanismo de la dominación el impedir el conocimiento de los sufrimientos que provoca" (Minima Moralia, 60) y en este sentido pareciera que la clase media, o bien, aquellos que se consideran clase media, ni sienten que sufren los estragos del sistema, ni sienten que son responsables, en otras palabras, desconocen que en sus propias vidas haya sufrimiento imputable al sistema. Pero claro que el concepto de la clase media es uno más que sirve al control ideológico, es uno que ubica a cuanto quiera instalarse en él como inmune, como neutral, y es por ello que Zizek la identifica como falsedad encarnada. Pero todo esto también ya había quedado claro de la lectura del fragmento de Zizek.

Quiero extrapolar particularmente la idea de "la imposible intersección de la derecha y de la izquierda". Esto en cuanto a la postura que muchos individuos parecen tener cuando comentan y se relacionan con los acontecimientos sociales. Esa idea de no ser ni de derechas ni de izquierdas, sino de ser de "centro", desde la perspectiva de lo anteriormente citado, parece sospechosa.


Tengo muchos ejemplos, individuos que considero mis amigos a menudo tienen una tendencia escapista hacia lo que ellos llaman "precisión".  En este sentido, se desviven por analizar sesudamente el discurso de las demandas sociales, y con argumentos ortográficos, semánticos, sintácticos y cuando muy sofisticados, de lógica sofista, desprecian la construcción del discurso de la demanda así restándole validez. Esta fascinación por la claridad, es un ejercicio de exhibición intelectual en el que como analistas del lenguaje, se presume que ellos pueden desmontar las mentiras o incongruencias de cualquier discurso. Lamentablemente, dado que la única agenda política que motiva esto es la de la negación misma de que este ejercicio obedezca a una agenda política, tiene como consecuencia la consolidación de la idea de "centro"; lo que en otras palabras, reproduce el modelo de la "no-clase", vaya, de la no-pertenencia a ninguno de los polos, y por eso es importante mantener en la mente que esta intención está en una intersección imposible: esos análisis son un velo.


También se les puede acusar por lo pronto de esencialistas, ya que estos ejercicios implican que la enunciación en sí misma no es una práctica llevada a cabo desde un punto específico con intereses particulares y que se pueden desenmascarar sus artimañas en nombre de la "claridad", de la "honestidad" y de la "verdad". Este desprecio por el contexto es sumamente peligroso. El ejemplo más claro es el de la animosidad por los documentos políticos que, con el fin de extrañar al lector y recordarnos los problemas del sexismo, sustituyen algunos marcadores gráficos de género con la letra "x","e" o el símbolo "@". Los argumentos más comunes es que eso se debe evitar porque "el lenguaje no es sexista, sino los usuarios" y que "aquello no se entiende". 


Estos dos argumentos ejemplifican perfectamente el esencialismo y la pasión desbocada por la "claridad". El primer argumento se invalida ya que el lenguaje existe como práctica, es usado por individuos, con él se construyen las hegemonías que nos rigen y pues el lenguaje no existe en el empíreo.  A la vez en sí mismo tiene la cualidad de la diferenciación y por lo tanto de la multiplicidad, el lenguaje puede ser (y en este caso es) usado para confrontar las prácticas hegemónicas del patriarcado (que sí existe chavos, no se hagan). El segundo argumento me pone siempre de malas porque, de hecho, esos documentos sí se entienden, ya que las sustituciones de los marcadores de género son sistemáticas. Lo que motiva la postura que critico, es la posición del letrado que defiende las herramientas que considera su patrimonio "la correcta escritura" por lo que anula y ataca a priori el texto político con una ortografía alterna. Tal defensa lo lleva incluso, a permanecer ciego ante el significado de tal texto, pues ni siquiera lo lee. Esa actitud apologética de "la correcta escritura" lo ubica en un "centro", pues por un lado es distinto de la masa ignorante y analfabeta, pero por otro lado conoce la belleza de la cultura a diferencia de esos neoliberales materialistas: es una reproducción más de la idea de la "clase media".

Ya no digamos por ejemplo,  cuando se discute el significado de una palabra. Esto no se debe aplicar de manera general, desde luego, hay que tratar de que los significados se mantengan más o menos estables para permitir la comunicación, pero a estas alturas creo que queda claro que eso no es lo que está en discusión, sino el uso de ciertas palabras cuando se discuten proyectos políticos, por ejemplo. Viene a mi mente el famoso episodio de Vargas Llosa, Paz y México como la "dictadura perfecta". Este ejemplo me invita a volver a citar a Zizek: "si pensamos que no es más que una "clarificación semántica" podemos no percibir que cada posición sostiene que "su honestidad" es la auténtica honestidad. La lucha no se limita a imponer determinados significados sino que busca apropiarse de la universalidad de la noción" (17). Reemplacemos "honestidad" por "dictadura" dado que Zizek discute el término "honestidad" en ese pasaje, pero la operación es la misma. Esa invitación a hacer claro lo que se considera confuso,  es siempre una reinterpretación y una apropiación que desecha o apoya un discurso político. En este caso Paz señala que México no puede ser una dictadura porque carece de un dictador y de un estado militar, y si bien la figura de dictador como tal en efecto no existió, lo del estado militar es pura ideología porque claro que se ha utilizado el ejército para controlar a la población y mantener en pie las estructuras. Ambos coinciden sin embargo, en la existencia de un poder hegemónico partidista: Vargas Llosa calificaba de "dictadura perfecta" porque aparentemente carecía de una cabeza, de una persona; por oposición, también habría calificado al resto de las dictaduras latinoamericanas como imperfectas, como burdas, por lo que México sería una manifestación de una dictadura más sutil, pero no por eso menos cruel; a Paz le interesa deshacerse de las connotaciones negativas de la dictadura, según él, no para reivindicar el priísmo mexicano, sino en nombre de la "precisión".


En ese movimiento de Paz, no se alcanza a notar una burda defensa de la derecha, pareciera más bien una apasionada apología de la moderación. Pero si esto reproduce, como he propuesto, la idea de la "clase media" como una no-clase, tiene las mismas consecuencias: encarnar la lucha de clases, vaya, el aspecto problemático de un sistema clasista. Es así que estos movimientos al "centro", esta "clase media", son un instrumento más para perpetuar la opresión de los estados capitalistas. Escapar de la toma de postura no es un ejercicio neutro, es ayudar a difuminar las líneas entre clases. Sentirse inmune a las dinámicas de la explotación es engordar la ideología que justifica la misma explotación. La "clase media", el "centro" político, son intersecciones imposibles y necesarias para el mantenimiento del neoliberalismo, es más, son unos de sus propios constructos ideológicos.


lunes, 12 de octubre de 2015

Revisiones

En un arranque de terrible nostalgia, me puse a leer archivos viejos de lo que con mucho desprecio llamo "textos creativos". El dicho desprecio se explica dado a que de cada 10 escritores o poetas que he conocido, nueve me dan ganas de vomitar de risa y desesperación. Si a esto le añadimos que el texto que les presento hoy se enmarca dentro de lo que yo llamo crítica de broma, lo que más me repugna no es que haya encontrado el tiempo para escribir semejante estupidez, sino que en verdad que creo que esto podría publicarse como algo serio, como algo que sí pretende ser crítica de la de verdad. Si me pongo a pensar en esas personas que creen que hacen crítica de verdad (éste seguramente es uno de mis momentos de mayor condescendencia y lo celebro con una copa en la mano para completar la imagen) pues me da todavía más asco. Entonces este texto debería hacer que "quemase" mi garganta con jugos gástricos, pero la verdad es que me da mucha risa. Sin más, algo que encontré en el archivo de textos viejos:



Conferencia. Comentario de los versos "Miren/ una vela encendida: pincel de llamas" del poemario Villancicos del santo niño de las quemaduras de Luis Felipe Fabre.

                                               Miren
                                               una vela encendida; pincel de llamas

Estos versos tienen, sin duda, varios problemas de comprensión que analizaremos a lo largo de este trabajo. El acercamiento a la poesía siempre parece representar un reto para las mentes no educadas, de lo que se trata es de saber desmenuzar las palabras, de aislarlas y permitir que sean libres.
La lectura de este primer verso resulta ya de suyo, conflictiva y es que la lectura es un acto de rebelión. Para rebelarse presuponemos que se tiene la libertad de oponerse, de no estar de acuerdo, por lo que se infiere que para leer, –sobre todo para leer poesía–, que somos hombres libres, que si leemos es porque disentimos del estado actual del mundo, de sus estructuras, de sus maneras. Por eso choca encontrarse con una orden, un verbo imperativo:
Miren…
No debemos juzgar mal al poeta por ir en contra de la misma naturaleza de la lectura: varios son los escritores célebres que se han equivocado y la tradición los disculpa. Empero, lo que cabe decir es que no hay que juzgar mal al poeta sólo por este error. Este verso tan corto contiene al menos tres errores: la presencia de una orden, problema que ya ha sido expuesto, la poca duración silábica que dentro de las reglas de la métrica métrico-sintagmática haciendo especial énfasis en la poca presencia de tonemas (¡uno solamente!) deviene en un error tan evidente que no vale la pena comentarlo más, y el tercer error es la pobre elección de palabras. Este último error cobra especial relevancia cuando se trata de un verso de una sola palabra y es un problemas que abordaremos más adelante.
            No hay que ser anticuados en cuanto a nuestras apreciaciones poéticas, en tiempos de nuestros primeros poetas el hecho de que un verso no fuera una unidad de sentido resultaba inadmisible, las leyes de la esticomitía lo prohibían; sin embargo dado que la palabra "esticomitía" ha caído en desuso en la lengua española, al menos por parte de la gran mayoría de potenciales lectores de poesía, es justo también olvidar lo que prescribe; de ahí que no incluyamos un posible cuarto error del verso: sólo adquiere completo sentido cuando leemos el verso que le sigue:
                                               Miren
                                               una vela encendida: pincel de llamas.
            Como seres humanos que somos, apenas resulta natural que miremos una vela encendida. A nadie sorprendería que una vela apagada pasara desapercibida, pero una vela encendida es difícil de pasar por alto. Por esto es poco recomendable ir en contra de la misma naturaleza de la lectura: el poeta nos obliga al menos a presuponer dos cosas: un estado de oscuridad y la búsqueda, propiciada por la misma oscuridad, de una luz. De esta manera podríamos explicarnos que el poeta diga:
                                               Miren
                                               una vela encendida
            Aunque preferentemente deberíamos puntuar:
                                               ¡Miren
                                               una vela encendida!
            Esta resolución ofrece al menos dos problemas, uno gran importancia y otro de mucha más importancia: el primero es que dicha exclamación resulta poco poética; no se le podría reprochar a nadie que la anterior exclamación le evocara a su vez:
                                               ¡Miren
                                               tierra a la vista!
            Y esa exclamación rompe con uno de los principales propósitos de la poesía: aspirar a lo sublime. El segundo y mayor problema es que carece de sentido. Lo que sabemos del poemario de Luis Felipe Fabre es que se llama Villancicos del santo niño de las quemaduras. Como sabemos, los santos son martirizados gracias a una tradición de la antigüedad tardía por medio de la tortura. ¡Atención querido público: ser torturado y ser martirizado no es lo mismo! A nosotros nos interesa la precisión en el uso del lenguaje. Retomando el hilo de mi exposición, práctica común fue quemar a los santos como podemos leer en la Vida de san Eustaquio o en la Vida de San Lorenzo. La única explicación posible para que "Miren/ una vela encendida" fuese una exclamación en el marco del poemario Villancicos del santo niño de las quemaduras sería para prevenir al niño de que se quemara. Seguramente cualquiera de nosotros haría eso por un niño, pero no debemos olvidar que estamos tratando con poesía religiosa: si este niño no se quemara, se le privaría de su proceso de martirización, lo cual dentro las dinámicas de los textos religiosos resulta totalmente inadmisible.
            Un problema mayor de este segundo verso es la parte posterior a los dos puntos: "pincel de llamas". Los dos puntos sugieren que los términos unidos son similares, por lo que debemos asumir que "una vela encendida" es similar a "pincel de llamas". Esto se sostiene gracias a una débil pero existente lógica poética: si recordamos el insalvable primer verso "miren", se sigue que veamos algo que, llevado por el segundo verso, sea una obra pictórica, el pincel sería una metonimia por el pintor, y su obra artística es la luz, ya que las llamas metafóricamente pintan la luz. Y podemos ir más allá: la luz nos pinta a nosotros, nos hace visibles. Pues esto está muy bien si el poemario fuera sobre Velázquez, pero se trata de un niño martirizado a través del fuego. Es por eso que me permito sugerir las siguientes enmiendas:
1.- En vez de "miren", considero conveniente decir "toquen" (para resolver el problema de la pobre elección de palabras).
2.- En vez de "una" creo que debieran ser al menos "diez".
3.- En vez de "vela" sugiero el uso del lexema "antorchas".
4.- En vez de "pincel" me parece conveniente usar "hoguera".
5.-En vez de "llamas" quisiera elevar el sentimiento añadiendo la paragoge "ardientes".
            De hacerme caso, el poeta acertaría no sólo dentro de los cánones de la poesía religiosa, que se tratan de exaltar el sufrimiento del santo inspirado por su devoción, sino en los últimos avances de las consideraciones de las neurociencias, que señalan que la literatura se basa en un principio de empatía del lector con lo narrado. Digo esto porque, díganme si no, el verso expresa mejor la devoción exigida por los cánones religiosos al lector de la siguiente manera:

                                   Toquen
                                   diez antorchas encendidas: hoguera de llamas ardientes.
Como ven, querido público, la lectura de poesía es un reto constante que debemos mantener con el autor teniendo en la mira que debemos luchar por nuestra libertad.




viernes, 24 de abril de 2015

Alessandro del Piero

Hace años que no escribo en mi blog. Hace todavía más tiempo que no escribo de fútbol. Ambos pensamientos han dado vueltas en mi cabeza y la idea de poder sentarme a escribir de algo que no estuviera relacionado con mis clases parecía una cruel promesa.

También creo que tiene que ver que no había pasado algo en el mundo del fútbol que me motivara a escribir. Los goles de Ronaldinho ante el América en los 10 minutos que lo metieron al campo, el gol del Chicharito para dar el pase a semifinales al Madrid, el debut de Kaká en la MLS, o el gol de Raúl con el Cosmos parecían buenos temas. Pero creo que prefiero hablar de algo que no va a pasar y la semifinal Real Madrid-Juventus me permite hacerlo.

¿Acaso no hay en todo fanático de la Juventus el recuerdo de Alessandro del Piero anotándole dos goles a Casillas en un partido de Champions? Alessandro del Piero es un jugador fantástico cuyo destino no conocemos aún y cuyo último gol, muy lejos de la Serie A, fue marcado con el Delhi Dynamos en India. Del Piero nunca fue un jugador fácil, los técnicos fácilmente cedían ante la tentación de relegarlo al banco. Del Piero brilló en la Juventus a pesar de compartir el vestidor con jugadores como Zidane o como Ibrahimovic que le peleaban la titularidad. Jugadores iban y venían, más jóvenes, más rápidos, pero siempre era Del Piero el jugador que podía poner las cosas del lado de la Juventus. En su última temporada entró para resolver nada menos que un clásico contra el Inter que todavía contaba con varios de los jugadores que con Mourinho ganaron la Champions como Zanetti, Cambiasso, Sneijder y Julio César.  También le anotó a la Roma de Totti, y en su último partido, puso el 2-0 con el Atalanta. Del Piero es campeón del Mundo, el jugador de la Juventus con más participaciones y más goles anotados. Del Piero es un ídolo de algún panteón pagano, en vida ha realizado milagros como sacar de un coma a una niña de 12 años tan sólo con el poder de su palabra.

Un milagro que Del Piero no podrá realizar, es el de ponerse la playera de la Juventus con el número 10 en la espalda y su brazalete de capitán para vencer nuevamente la portería del Madrid. Si bien es cierto que la otra semifinal se va a llevar la atención de todos los aficionados al fútbol ya que Barcelona y Bayern son los equipos que lideran sus respectivas ligas, los que anotaron más de un gol para pasar la fase de cuartos, y es el partido en que Barcelona verá a Guardiola como contrincante; no puedo evitar pensar que al actual campeón de la Champions le urge tener una victoria frente al equipo al que en 1998 ganaron la final para justificar que están en semifinales. De los titulares de ese partido quedan en activo Raúl y Del Piero (aunque parece que Morientes anda en la tercera división de España). Una parte de mí está convencida de que si dejaran que ambos hombres disputaran los últimos 30 minutos de los encuentros, veríamos a dos jugadores sacar fuerzas de flaqueza para una vez más, dar la vida por esos equipos. Juventus llega a la semifinal gracias a un penalty polémico y de no ser porque Van Gaal se deshizo en cuanto pudo de un oportuno Javier Hernández, quizá la semifinal sería Atlético contra Mónaco. Raúl y Del Piero mientras veían los partidos de cuartos, probablemente pensaban que hubieran hecho más, y en el momento en que se anunciaron las semifinales, Raúl quizá recordó cuando alzó su primera copa de Champions mientras que Del Piero recordaba que a partir de ese momento, anotarle al Madrid siempre iba a tener un leve sentimiento de revancha.

No nos engañemos, desde que Trezeguet y Del Piero dejaron el protagonismo de la delantera turinesa, no ha habido un goleador que haya amenazado con hacerlos olvidar. Quizá Ibrahimovic hubiera ocupado el lugar de alguno, pero a diferencia de Del Piero, Ibrahimovic no acompañó a la Juventus por su paso en la Serie B y se incorporó al rival, al Inter. Son varias las razones que harán pensar en Del Piero a esos que nos interesamos en el fútbol en las épocas en que Ronaldo chocaba con Barthez en la final de la copa del mundo, o cuando el brasileño provocaba las más violentas patadas de Maldini, cuando Rivaldo y Kluivert hacían ver la suerte de las defensas españolas, de cuando Zidane pasó al Madrid y ganó la Champions con ellos, de cuando Ronaldinho no era más que una promesa en una Copa América que, junto con un subcampeonato de Confederaciones lo llevaron al PSG para perfeccionar su forma de penetrar las defensas de la mano del legendario Jay-Jay Okocha.

La Juve gracias a la incorporación de Tévez y del impresionante Pirlo han logrado grandes cosas en la Serie A. El eterno Buffon dará la base defensiva que se necesita y ya veremos si Chiellini como sucesor de Cannavaro (ex Madrid y ex Juventus) así como Cáceres (ex Barcelona) complementan la labor del arquero que no será fácil si es que los delanteros del Madrid están disponibles. Ya veremos si un jugador como Moratta que se hizo en el Madrid y juega en la Juventus puede desplegar en un futuro una forma de juego tan vistosa como la del canterano Raúl o la del ídolo Del Piero. El juego entre Madrid y Juventus no será el más llamativo de las semifinales, pero sigue siendo la oportunidad de que el Madrid refrende su título o de que la Juve llegue a una final desde su traumático fracaso con el Milán en donde todavía Ciro Ferrara y Paolo Maldini comandaran las defensas de sus respectivos equipos de tan perfecta manera, que la final tuvo que decidirse en penales, esa vez en que Del Piero a diferencia de Trezeguet, no falló su penal. Años más tarde se repetiría la misma historia con Trezeguet y del Piero, pero ambos jugando en equipos distintos, en la final de la Copa del Mundo.

El partido de Juventus contra Madrid sin duda será importante, pero para aquellos como yo, será un partido en que la ausencia del Del Piero, despierte todos nuestros recuerdos. Larga vida al 10.

(Odio la musiquita, pero el otro tenía el soundtrack de Requiem for a Dream y me pareció aún peor de tan outdated)